marzo 22, 2007

Parábola del científico


Después de extensos análisis científicos que no escatimaron en los últimos esfuerzos tecnológicos, el Dr. M. determinó que su asombroso descubrimiento no era, como hubo especulado en sus primeras anotaciones en el campamento arqueológico, una especie de fémur de alguna criatura prehistórica hasta ahora desconocida. El hueso -completamente intacto, color nácar, con cierto resplandor- tenía una semejanza más que coincidental con el falange humano del dedo índice o medio. Pero tenía el tamaño de un campo de futbol. Los resultados de análisis posteriores sorprendieron aún más al científico, debido a la perfección en la composición química del hallazgo. El descubrimiento era, según su conclusión -para él irrefutable-, el dedo de Dios.



Inmediatamente, la exploración arqueológica fue disuelta y el hueso cuidadosamente enterrado en su lugar. Para el Dr. M, el descubrimiento no era tan fascinante como peligroso: una noticia así cuestionaría todo desarrollo científico de los últimos siglos; valores, ideales, teorías e ideologías a las cuales él había entregado su vida con pasión desenfrenada. Había comprobado científicamente que la ciencia estaba equivocada. Quemó hasta la última ceniza de todos sus documentos, apagó, formateó y destruyó todos sus equipos electrónicos y eliminó mediante ácidos todas las muestras. Lleno de lágrimas, pero sin dudarlo un solo segundo, se arrojó de la terraza del Instituto de Desarrollo Científico, sede en Londres, y nadie se despidió de él mientras atravesaba los 52 ventanales del edificio. El suicidio no fue una decisión difícil: No sintió el menor remordimiento moral, el menor miedo a la muerte. Y era lógico: el Dr. M. fue ateo toda su vida.

6 comentarios:

Cristina Arboleda dijo...

"nadie se despidió de él mientras atravesaba los 52 ventanales del edificio". Mis lineas favoritas. creo que asi deberia comenzar el cuento, me fascina. Sabes a que me sabe este cuent? me sabe a Monterroso y Arreola. O sea, que segun el descubrimiento de ese senor, Nietzsche tenia razon??

extra-terrestre dijo...

Esa era la idea original, darle científicamente la razón a Nietzsche... Pero encontrar el dedo de dios no significa que haya muerto... podría sugerirse... En todo caso, el ají de toda esta sopa es la pregunta que surge y que no está ni siquiera mencionada en el texto... ¿cómo perdió Dios su dedo índice o medio?

Cristina Arboleda dijo...

jaja sí, justo eso pensé! me hizo acuerdo de ese poema de Benedetti, "Consternados, rabiosos" acerca de la muerte del Ché, cuando dice: "dicen que incineraron/toda tu vocación/menos un dedo//basta para mostrarnos el camino/para acusar al monstruo y sus tizones"... En todo caso, es buen textillo. se te quiere, boludito!!

Cristina Arboleda dijo...

guambra de los diablos, te invito a mi blog estoy comenzando a postear asi que por favor, sientete como en casa jaja. eso si no andaras sacandote las pelusas del pupo y escondiendo en los rincones de mi blogsito. besos.

http://mejuegolaboca.blogspot.com/

Anónimo dijo...

sí sí... máscaras tema bastante desgastado. las tenemos y las negamos, pero por qué no podemos vivir sin ellas? y cuanto más trillado suena hablar de ellas, más máscaras ponemos a nuestras máscaras, se vuelven cáscaras de cáscaras vacías. cobertores de inexistentes, edredones transparentes de vacíos tallados en la niebla, en la nada!!! y bueno a la final que queda? un vacio cubriendo a otro, el primero más triste, como bien dices por la vaciedad de su labor y el segundo innombrable por marchito, pero querido por inseparable.
el cuento: hermoso! me facinó. no lo voy a comentar hoy, porque necesito lsaborearlo unas dos veces más, para hacerle el honor que se merece.
Mi Tibi gracias por postearme, ya sabes cuando quieras pasa por ahí, yo volverè por el cientìfico muy pronto.

Anónimo dijo...

"Había comprobado científicamente que la ciencia estaba equivocada" que maravillosa sentencia! Hasta sobrevoló ligeramente por sobre mi laberinto mental la idea de convertirme en científico para cargar con esa apoteósica tarea de comprobar científicamente que la ciencia se ha equivocado. Y no porque crea que lo esté. Sino porque estoy enfermo de razón. Demasiada razón nos han inculcado en neustras escuelas y universidades. Todo tiene una lógica, todo confinado a un método. "Pienso, luego existo" es la melodía del siglo. Mi cuerpo se revela como una náusea frente a la excesiva razón.

Y el dedo enterrado de Dios, jeje, que genial metáfora para explicar la nostalgia de la modernidad, la nostalgia de patria, la nostalgia de un dio... y la muerte del enthusiasmos.

Creo que me pasé un poco, jeje... la idea era saludarte y felicitarte por tus escritos, me encantaron. Sigue escribiendo.

1 abrazo